
La incertidumbre, es uno de esos términos inigualable en la jerga económica de un fin de siglo, donde cada vez más hacen estragos en la economía colombiana. Hay estudios que aún no se han reflejado desde la primera mitad del año por un panorama electoral que está variablemente incorporada por muchos expertos que, si bien algunos no saben de la complejidad con los recursos económicos, deben estar sumando a los catedráticos para analizar muy bien el sistema de análisis económico. Por algo, se dice que la suma de todo esto, es un conjunto de aspectos subobjetivos y objetivos, que son realmente considerados por los inversionistas, al momento de evaluar poco a poco cómo está la situación del país y la economía colombiana. La retroalimentación del pesimismo, el temor y la duda se confabulaban en un juego de palabras que ponía a temblar a cualquier ministro, ya sea de Trabajo o de Hacienda, o también al Banco de la República.
Los ejemplos claros del vendaval lo tenemos en las reacciones de los mercados bursátiles al entrar el salario vital del Gobierno Nacional y que varias empresas ahora estén vinculadas a ella.
Vemos que la señal es clara para el capital especulativo: el fracaso conlleva un mayor riesgo económico. Independientemente de que sea cierto del tamaño de las reservas mundiales de petróleo o de las relaciones con el mundo, puede que se genere un error en el fondo, al convocar una segunda subasta, un particular objetivo que puede lograr al fondo del Departamento Nacional de Planeación.
A este ejemplo también se le puede sumar al proceso electoral que pasó en este año. Las opciones electorales y el ganador de la elección conforma un enjambre de dudas y miedos que podrían parar cualquier iniciativa de inversiones financieras.
Por otro lado, hay también variables objetivas en las que aquellas se pueden medir a las opciones y sistematizarlas. El déficit fiscal y la capacidad del gobierno para implementar reformas en toda la estructura administrativa pública son algunas de los factores clave por las que inversionistas quedan en duda con el pase libre en comprar toda clase de administración y acción colombiana. El apetito por el caos provocado por la inestabilidad es insaciable, y la situación actual del país ofrece un terreno que es muy fértil para el estado de su crecimiento, aunque los factores no sean nuevos. Son iguales durante estas décadas, con variaciones que han pasado como la bipolaridad política que pareció estar en declive por los estallidos sociales ocurridas en 2019 y 2021.
Lo preocupante es que se repitan las crisis que han surgido, con los elementos que siempre han estado presentes. Aquí es donde las expectativas son negativas.
¿Ciencia o ficción? Bueno, hay que decir que habrá un debate entre los docentes de economía. Simplemente y sin profundizar demasiado, se percibe que el progreso no posee esperanza, al menos a corto plazo en esta base de un nuevo gobierno a entrar: un cultivo de caldo perfecto para la incertidumbre.