La Canarinha sin inspiración
Con la cabeza baja y las ilusiones a bajo nivel, Brasil solo se llevó una lección después del partido contra Noruega: jugando ‘bonito’ con un fútbol que, ni era suyo, ni llegaron a la esquina.
La victoria de Noruega (2-1) se respalda, indiscutiblemente. Pero la derrota sudamericana gracias a Brasil en los octavos de final del campeonato era algo que perfilaba desde que los cambios de jugadores en el punto del penal se aplicaría un cambio que ahogaba la inspiración y la presión ofensiva para tener más raíz en el fútbol brasileño.
Evidentemente, la opinión de los analistas es unánime, en este sentido, más cuando se respeta su idioma a la hora de resumirlo en diferentes palabras.
Con opinar lo que dijo la prensa brasileña sobre la derrota, es que Brasil “no contaba con un lanzador de penaltis oficial en el campo para el partido del domingo”, dijo Márcio Iannacca, corresponsal del diario deportivo Lance!
El momento de la selección brasileña hizo pensar que “esta es la primera vez desde 1990 que Brasil no llega ni a los cuartos de final”, dijo su colega Paula Ferreira de Jornal do Tocantins.
Respaldado por un triunfo aceptable (2-1) sobre Egipto, poco antes de comenzar la Copa del Mundo, el cuadro de los ‘Scratch’ aterrizó en Norteamérica como uno de los favoritos para llegar a la final.
Era el inicio de una era futbolística, sobre la que se empezó a generar dudas al concluir el primer enfrentamiento que fue contra Marruecos, el cual se impuso con un empate. Frente a ese rival, el símbolo que se mostró a la hora de manejar la pelota fue la imprecisión en entregas de balón y algunas dificultades para cerrar los espacios en la cabaña de cualquier arquero.
Luego llegó el espejismo de cabalgar tres goles frente a Haití.
Tras ese “primer partido que habló seriamente las dificultades”, como se dio en llamar en la victoria sobre Escocia, Brasil demostró claramente sus limitaciones de ser líder.
Allí vino los dieciseisavos de final del campeonato, algo que no era fácil para la escuadra sudamericana: la victoria contra Japón. Después vino Noruega. Último choque de la realidad.
Las diferencias en ese juego, han sido claras. Los europeos, con una racha histórica en clasificar a sus primeros cuartos de final, se fueron a celebrar con ritmos de remo y bombos, haciendo un culto de control e interacciones con la hinchada para crear oportunidades para que hombres como Erling Haaland (doblete), Martin Odegaard, Alexander Sorloth y Oscar Bobb, aparecieran amenazantes cada vez que juegan en el área.
En cambio, Brasil, desde el penal de Bruno, se vio como una mala copia, no como las del Real Madrid cuando ve a Ancelotti y a Vinicius Jr. de maestro y alumno fundamental. Intentaban brillar con saber qué hacían sus contrincantes parándose en la cancha, no propuso lo que el juego se hacía: construir absolutamente todos los bordes y, al final de cuentas, fue todo lo contrario. Imprecisos pases y sorpresivas subidas han hecho excepciones en zona defensiva.
Nada brilló, en ese orden.