En NOTICIAS EDL, haremos una entrevista imaginaria con el Libertador, donde hablará de la devolución de su espada en la Casa Quinta de Bolívar, el pasado y el presente de Colombia, además de saber muy bien sobre cómo avanza Bogotá en muchas cosas
Una vez, según lo que recordó en sus viejos tiempos, cerró la boca y dejó de alimentarse. Dirigido bajo la supervisión del licenciado Sanz, uno de esos maestros donde aquel hombre no interrumpía cada conversación con cada amigo respetable. Le ordenaron al joven Simón que quede ‘silencio’. Efectivamente, así fue.
En lo que describiríamos como una muestra de carácter, o mejor dicho, de una breve huelga de hambre, se reveló ese sobrevuelo humano del llamado Genio Americano. ¿Por qué? El nos dijo: “El Licenciado Sanz me regañó, me preguntó airadamente por qué había dejado de comer, y le respondí: “Porque me dijo que me callara”.
Bueno, sabemos cuál es la historia que nunca supimos de él, pero con una sonrisa enorme, batallando hasta no poder con los espacios de toda una nación, aunque el cansancio evidente en sus ojos y rostro, representa una imagen que proyecta su ícono magistral. Es enorme. Pero hacer esta entrevista imaginaria nunca supe del cómo se realizaba, cómo se hacía y retar enormemente un desafío a lo que es la narrativa oficial.
Sin lugar a dudas, es una entrevista muy abierta. ‘Pregunta lo que quieras’, dice. Los libros, enciclopedias, todo, están guardadas para ser verdad.
Pero, en este caso, podríamos preguntarnos si: ¿Cómo se estaría expresando el libertador Simón Bolívar sobre el regreso de su espada a la casa Museo Quinta de Bolívar, ubicada en Bogotá, Colombia, además del presente y pasado que ha habido en los últimos tiempos de este año? Pues, en NOTICIAS EDL, reflejamos la verdad sobre qué diría Bolívar al respecto.
-¿Se escribió la verdad sobre la custodia de la devolución de la espada de Bolívar a su casa?
-Así es. Eso me alegra, profundamente. Las espadas de la República fueron forjadas para cortar las cadenas de la tiranía, no para adornar los salones de la vanidad cívica ni para servir como trofeos políticos para los gobernantes de turno. Mi acero pertenece al hombre que derramó su sangre por la libertad, y el mejor lugar para guardarlo es un espacio donde cada ciudadano, sin distinción alguna, pueda reflexionar y recordar el precio de su independencia.
-Algunos líderes afirman que mantenerlo en el palacio presidencial es un símbolo de poder y de su relevancia perdurable para sus ideales. ¿No crees que allí tiene más influencia política?
-¡Todo lo contrario! El verdadero poder de una nación democrática no reside en los símbolos militares, sino en el estricto cumplimiento de la Constitución y las leyes. Un presidente no se hace más digno ni más fuerte por tener mi espada cerca; se hace digno cuando gobierna con justicia y busca la unión de los pueblos. Retener las reliquias de la gesta emancipadora en los palacios presidenciales solo alimenta el culto a la personalidad y el caudillismo, dos males que tanto daño hicieron a nuestra América.
LA ACTUALIDAD DE BOGOTÁ
Con lo dicho anteriormente, el libertador también pretendería hablar sobre los actuales caminos que puede generar la ciudad de Bogotá cuando dirige a todos sus experiencias enormes del pasado y del presente. Echemos un vistazo del qué dijo, respectivamente, sobre el cómo se acomodó con ese asiento inesperado, si se fuera a dar una baja enorme que estaría reflejando por todo un palacio presidencial con esa figura en cuadros y grabados en su oficina.
-Hablemos de la ciudad de Bogotá. Si tuvieras que caminar por el cerro de Monserrate, ¿qué es lo primero que golpearía sus sentidos?
-El ruido y el movimiento incesante de esta gran metrópolis me abruman. En mi época, Bogotá era una ciudad de silencio, campanas de iglesia y el frío andino. Ahora veo un océano de cemento, luz artificial y millones de almas con prisa. Me asombra cómo este pequeño pueblo colonial se ha convertido en el corazón de millones de bogotanos, aunque añoro la tranquilidad de los huertos de Quinta.
-La ciudad vive actualmente una gran expectación y tensión en torno a la construcción de su primer metro elevado y otros importantes proyectos de transporte. ¿Qué sientes al ver cómo cambia el paisaje?
-Siento que el progreso siempre exige sacrificios, pero también orden. El caos vial que hoy agobia a los bogotanos es el reflejo de una ciudad que creció más rápido que sus instituciones. Las grandes obras traen incomodidad temporal, pero son indispensables para la unión y la dignidad del pueblo. Una ciudad moderna no puede progresar si sus ciudadanos pierden la vida en el tráfico; el tiempo de los hombres libres es sagrado.
-Bogotá está experimentando días de clima extremo: sequías prolongadas que obligan a racionar el agua en los embalses tras fuertes lluvias. ¿Cómo cree que esta crisis climática está generando tanta ansiedad en la capital?
-Veo esto con profunda alarma. En 1825, firmé órdenes en Bolivia para plantar millones de árboles y proteger los ríos, sabiendo que la naturaleza cobraría su precio. Ver las montañas al este amenazadas por el fuego y los ríos de la sabana contaminados me parte el corazón. El agua es el verdadero tesoro de Bogotá; sin ella, no hay libertad ni futuro posible. Proteger los páramos debe ser la máxima prioridad de sus líderes.
-Ahora, la sensación de los bogotanos vivan en inseguridad y miedo que afectan a los ciudadanos: ¿Qué les diría a los capitalinos que sienten este temor cada día de un momento a otro?
-Amigo, el temor es el mayor villano de la libertad. Una sociedad donde los ciudadanos temen seguir su propio camino es solo una sociedad a medias. La seguridad no se logra con más soldados o guardias, sino eliminando la pobreza y la falta de oportunidades que empujan a la gente a delinquir. Un gobierno distrital debe ser firme contra los delincuentes, pero implacable contra la pobreza que alimenta la violencia.
Bolívar habla con una voz del presente del cómo Bogotá se transforma cada día: ‘El ciudadano moderno de Bogotá posee un admirable espíritu de resiliencia. Son ciudadanos que soportan las inclemencias del tiempo, los problemas de transporte y la incertidumbre, y que cada mañana se levantan con una energía inagotable para construir su nación. La melancolía aún se cierne sobre la ciudad, pero bajo ella late una fuerza vibrante. Bogotá no es una ciudad perfecta, pero sigue siendo la Atenas de Sudamérica gracias a su talento, cultura y estabilidad’.
ASESINATOS POLÍTICOS
Si bien se puede hablar de muchas cosas, como lo de las pasadas elecciones en Colombia, le preguntamos realmente del por qué lo ve como un reconocimiento del pueblo, a diferencia de los mandos que data de un tumulto causado por tres asesinatos mediante campañas políticas, como la del pasado 7 de junio, cuando toda Colombia se preocupó por una misma causa y con tres nombres que nos deja el corazón: Miguel Uribe Turbay.
‘Amigo, yo rechazo el asesinato de una democracia verdadera. Esto lo representa como un acto ruin. Vergonzoso que un ciudadano común que quiera hacer una política, destruya la verdadera República. Yo les quiero dar ese consejo: las armas jamás deberán decidir el poder de la patria. Un odio entre hermanos no son suficientes, solamente trae ruina y que Colombia debe unirse con el fin de sanar sus heridas’.
ELECCIONES PASADAS Y EL TRIUNFO DE ABELARDO DE LA ESPRIELLA
¿Y el reconocimiento del triunfo de Abelardo de la Espriella como presidente de los colombianos? Lo investigamos bien y esto nos contó:
-Actualmente, mucha gente respaldó a Iván Cepeda en las pasadas elecciones y otros a Abelardo de la Espriella. ¿Qué piensa de ello? ¿Es eso lo que conllevó a Colombia?
-Amigo, yo observo estas elecciones con profunda preocupación, donde una mitad del país se opone ferozmente a la otra. El pueblo no es libre; está sometido a su propia voluntad y es presa fácil de la tiranía. Por lo tanto, les insto a quienes leen esto a que sepan que la soberanía reside en el voto popular, y cuando las urnas dictan su decisión, el primer deber del pueblo y del ejército es someterse al gobernante designado. La negación de la legitimidad del gobernante es lo que desencadena la guerra civil.
Simón Bolívar aclara que no se encuentra consciente, como los que sí o no están de acuerdo con que los políticos destaquen la importancia que tienen en la conducción de un país que buscaría material enorme sobre la educación, el futuro y el trabajo.
‘Al presidente electo, Abelardo de la Espriella, le expreso mi más sincero clamor desde la tumba: el clamor del pueblo por orden, autoridad y apoyo a nuestras fuerzas armadas está justificado, pues sin orden no hay libertad. Sin embargo, el poder es una carga sagrada y peligrosa. Su lealtad no se debe a un solo partido, sino a toda la República. Que gobierne con imparcialidad, modere las ambiciones de sus seguidores y recuerde que la verdadera felicidad no reside en destruir a los enemigos, sino en unir a la nación bajo el imperio de la justicia y la ley‘.
Esas son las palabras de un libertador, si lo tuviesemos históricamente.
SU VIDA
Ahora, hablando de sus esposas, nos dice cuál es el mejor: Manuelita. Lo afirmó con puño y letra.
-¿Sigue siendo Manuelita su amor eterno por la libertad?
-Por supuesto, toda la vida. Por eso conservé eso que nos consumía, que nos sigue consumiendo hasta el día de hoy, como a dos niños. Yo, un adulto, sufro un dolor que debería haber olvidado. El, y nadie más, era el único que me tenía en este estado. Ya he dicho que el altar donde habita no puede ser profanado por ningún ídolo, ninguna otra imagen, ni siquiera la imagen de Dios mismo. Me convirtió en un ídolo de la belleza, o de Manuela, que era igual. La amo y simplemente la amo. Le digo: no te mates, vive para mí y para ti, vive para complacer a los infelices y a tu amante que suspira al verte. Si no rezo, paso todo un día entero meditando sin cesar sobre sus gracias y cuánto lo amo, sobre mi regreso y lo que Él hará y lo que yo haré cuando nos volvamos a encontrar.
-Por último, libertador, ¿cree usted que los colombianos obtendrían un gobierno justo y capaz de que borren una historia dolorosa y cambiarla por un momento lleno de alegría, orgullo y felicidad?
-Créalo. No estoy profetizando. Lo que sí puedo decirles es que el sistema de gobierno más perfecto es el que produce mayor felicidad y mejor estabilidad en la seguridad social, además de la estabilidad política. Esto me lo enseñó un maestro que quiero mucho: Simón Rodríguez. Jamás criticaré a mi madre por falta de cariño.