Las perspectivas de una gestión a nada de comenzar

Realizar reformas económicas y políticas radicales para mantener los conceptos básicos de la democracia, representa un desafío formidable para el nuevo presidente, Abelardo de la Espriella, quien asumirá la responsabilidad principal del ser, y solo, puede crear el artífice del cambio que los colombianos anhelan.
En un momento mayor donde el país atraviesa una crisis de seguridad y salud, la mayor, y única, promesa de campaña del presidente electo es el orden público: la Fuerza Pública entra a mayores.
Podría decirse que casi la mitad de los votantes elegibles, muchos opinen que se dejaron llevar por la incertidumbre ante el resultado, ya que el presidente electo no mostró planes concretos ante su doctrina religiosa, más allá de ser un abogado que defendía la destrucción de sus otros rivales, cuya única fuente de corrupción radicaba en la prohibición de distribuir de forma equitativa la riqueza del país según los ingresos.
Si bien la mitad de los colombianos que son opositores al gobierno no estaban de acuerdo, habían parte y parte de las celebraciones donde no había nada que reprochar en la continuidad de su tiempo político. Una encuesta realizada por Invamer, tras los estallidos sociales de 2019, 2020 y 2021, revelaron que, si bien el casi 80% de los colombianos creían que la democracia no debía ser reemplazada por un gobierno que parara la ‘horrible noche’ como la letra del himno nacional, este mismo grupo se desconfiaba asimismo de la violencia, pues causaban temor que el uribismo no pudiera satisfacerlos. Para ellos, la democracia no era un fin en si misma, pero dependía de ellos cuando salen a manifestarse.
Resulta igualmente alarmante que el 75% creyera un papel que jugó el Estado como parte de la economía, pero lo cambiaron a juro por aumentar precios debido a la falta de formación profesional.
A diferencia del desacreditado Iván Duque, que en 2019 lanzó un programa que abogaba la reforma tributaria radical a la vez que impulsaba la reforma política inclusiva y participativa (como las primeras elecciones regionales que no tuvo su buen reparto de poder), De la Espriella ahora podría optar por otra alternativa que no sería congruente que lo viéramos a través del uribismo, ya que el mismo expresidente tuvo que descartar el deseo de mantener sus relaciones en sí, conservando su poder absoluto cuando terminó de gobernar hace años.
Este escenario generaría dificultades en el futuro a la hora de afrontar una crisis social que, tarde o temprano, surgirá si no se logra el proceso económico en un futuro próximo.
Dar la apariencia de ser poderosa el discurso inicial del presidente, es razonable sospechar que se vería tentado por la izquierda a socavar las instituciones democráticas para crear, según lo que imaginan las personas distintas. Pero el dinamismo de los mercados globales, limita el poder de cada gobierno que lo ejecute individualmente y los somete a la autoridad liberal: a su vez, reduce el riesgo para la democracia.
Quizás podríamos reiterar que Abelardo de la Espriella sea el presidente electo colombiano y generó las mayores expectativas al asumir el cargo, y, por lo tanto, ofrece en sus manos la oportunidad de restaurar no solo la salud o la seguridad de los colombianos, sino además la fe en el sistema político garantizado, si es que el pueblo verdaderamente lo valore, porque muchos están dadas de alta y prefieren el respaldo a ser opositores que ser oficialistas.
No es que sea Atlas, ni Pancho tampoco, sobre cargar sus hombros el peso de la muralla celestial, pero sea como sea, Abelardo de la Espriella asume el poder centrado en las altas expectativas para un pueblo que anhela recuperar la esperanza. Si no hay satisfacciones, el nuevo presidente sentirá que el mundo entero está sobre sus hombros.